Esa tarde, sentado en un Mac Donald´s, escribí una lista con todas las mujeres con quienes había tenido sexo.
Leí la lista y subrayé con resaltador amarillo a quienes fueron relevantes en lo emocional, en lo espiritual.
De 20 nombres escritos, solo subrayé 5.
Tenía 30 años de edad.
Este resultado me deprimió y cambió mi visión del amor.
Fue un turning point, un giro de vida.
Fue un turning point, un giro de vida.
Decidí buscar a mis ex parejas para recibir un feedback y recibí varios insultos. Aprendí mucho de mí y de cuando el “Yo” se convierte en “nosotros”. Aprendí a:
- Comunicarme.
- Construir acuerdos.
- Cerrar ciclos.
- Volver a empezar.


Debo gran parte de lo que soy a mis raíces familiares y a todas mis ex parejas.
Vivir con mi esposa ha sido a veces fiesta, a veces guerra; siempre una escuela para crecer hasta que la muerte, una tercera persona, la rutina o un abogado nos separe.
El Dr. Landaeta escribió que al infierno se va en pareja, yo digo que también se puede ir al paraíso. O cómo dicen los gnósticos: puedes ir al infierno a robarle la luz al diablo.
¿Qué me ayudó a mejorar?
La experiencia procesada en terapia. Los estudios en la Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa (AVESA), un seminario sobre pareja y sexualidad. También durante 2 semanas continuas viví un proceso grupal intensivo para aprender a negociar usando los 3 cerebros, con la Dra. Beauport. Además, aprendí muchas formas de comunicarme mejor con los estudios de Programación Neurolingüística (PNL) y en la Escuela de Psicología.
Sigo aprendiendo y lo compartiré contigo.
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